Empezó como una reivindicación de la comida tradicional y la cultura alrededor de la mesa frente a la moda de los “fast food”, pero fue creciendo y el “movimiento slow” ha terminado por aplicarse a los más variados terrenos. Así, pues, se habla de las “slow cities” (ciudades lentas), del “slow work” (trabajo lento, que no perezoso) y hasta del “slow sex” (sexo lento). ¿Se puede viajar lento? Según los defensores del movimiento, sí.
El “slow travel” defiende que es posible profundizar más en el conocimiento de lugares, gentes, culturas y tradiciones permaneciendo más tiempo en el mismo sitio y visitando aquello que queda cerca. Fomenta el uso de transportes clásicos como el tren, los medios públicos de la zona o el coche de alquiler y propone estancias en hoteles confortables (no necesariamente más caros) ya que las estancias se alargan. Cada viajero debe tomarse su tiempo para conversar con las personas que encuentre en el camino y sumergirse en el entorno.
El objetivo es saborear el viaje y evitar regresar a casa con la sensación de necesitar una semana de vacaciones para recuperarte de las vacaciones. Lo importante es no tener prisa.
Jueves 30 Julio 2009 15:20 | Publicado por Memento | Categoria(s): Sostenibilidad







