Después de saborear el mejor filete del mundo según “The Guardian”, continuamos con nuestra ruta gastronómica en blogtelopia. Pero no lo haremos guiados por las estrellas Michelin, sino por comidas tradicionales de algunos países del mundo. ¿Estaríamos dispuestos a comerlo todo para acercarnos más al destino que hemos elegido? Si tenemos en cuenta que para un norteamericano vernos comer un arroz con conejo es tan cruel como matar a la madre de Bambi y zamparse al simpático Tambor, o que le entrarían todos los ascos con unos caracoles “a la llauna” en Lérida, no debería echarnos atrás un suculento cuy de Perú o, lo que es lo mismo: un conejillo de Indias. Dicen que es una muy buena fuente de nutrición. En ecuador podríamos hacer un aperitivo de hormigas y larvas de coco a la parrilla y en Filipinas unos grillos salteados. En Alaska nos esperarían con gelatina de nariz de alce y, evidentemente, no podría faltar un buen plato de perro en Corea, China o algunas zonas de Vietnam. La globalización ha hecho que podamos comer espaguetis en todo el mundo, pero aún, viajando, podemos sorprendernos al comprobar que (muchas veces de forma testimonial) se conservan recetas e ingredientes que difícilmente (aunque nunca se debe decir nunca) encontraremos en los restaurantes de nuestro pueblo o ciudad. Dicen que a través de la comida y los sabores nos podemos acercar a la cultura, tradiciones y forma de vivir del lugar que visitamos. ¿Pero nos atreveríamos con todo? Por ahora, os dejamos con uno vídeo de uno de nuestros preferidos: el casu mazu, un queso típico de Cerdeña (Italia). Una recomendación para quienes quieran saborearlo: es aconsejable protegerse los ojos, ya que las larvas de las moscas que hay en el queso pueden saltar.
¿Cuál es la comida más exótica que has probado en un viaje?
Miércoles 28 Octubre 2009 1:38 | Publicado por Memento | Categoria(s): General Turismo
Después de casi veinte años de la caída del muro, Berlín es, tal vez, la capital que más late en Europa. La noche del 9 de de noviembre de 1989 las dos alemanias se unían dando lugar a una ciudad explosiva. Sí, Berlín es como vaciarte en la boca una bolsa de “petazetas”. Para el viajero puede convertirse en un caleidoscopio. Das una vuelta, y puedes visitar una ciudad en la que se escribieron y ejecutaron grandes momentos de la historia de la Humanidad. Pero otro giro al caleidoscopio hace aparecer delante nuestro una ciudad culturalmente estimulante. Algunos movimientos vanguardistas nacieron, pasaron y arraigaron en Berlín. Y aún hoy, en el presente, se respira una actividad artística muy estimulante. Una tercera vuelta, nos lleva a sus verdes parques, y otra más, nos invita a jugar a las diferencias y detectar los restos de cuando Berlín la dividía más que un muro. En Berlín hay pasado y presente, pero, sobre todo, se huele el futuro. El caleidoscopio no para de girar. Es la misma ciudad vista de desde mil prismas distintos. El viajero sólo debe elegir cuál quiere descubrir. ¿Tal vez todas? De momento, en
¿Pagarías casi 100 euros por una habitación doble sin agua corriente ni luz eléctrica? Ahora que el concepto de alojamiento rural es algo plenamente integrado en la sociedad, nos proponen ir un paso más allá con los ecoalojamientos. ¿Y si con los casi 100 euros de la habitación doble sin agua corriente ni luz eléctrica nos incluyen el desayuno completo y la posibilidad de dormir en una cabaña de madera en lo alto de un árbol rodeado solamente por la naturaleza? Del norte de Europa y de Latinoamérica nos llega una nueva propuesta de viajar por el mundo y, en concreto, por el Estado español. Los ecoalojamientos están pensados para producir el menor impacto en el paisaje. Por eso, están arquitectónicamente integrados en el entorno (ya sea como una cabaña en un árbol o un caserío) y promueven el ahorro de agua y la eficiencia energética. En Cataluña, por ejemplo, se reconocen porque por el distintivo de garantía de calidad ambiental, una etiqueta ecológica que otorga el Departament de Media Ambient i Habitatge. Toda una nueva forma de plantearse un viaje. Para amantes de la naturaleza y las nuevas experiencias.

Un nuevo grupo recién descargado en el Ipod, una canción que se escapa por la ventana de una casa un mediodía tranquilo mientras callejeamos por un pueblo o simplemente una melodía que, sin saber por qué, se nos pega en el momento de aterrizar en el aeropuerto de destino. Muchos de los viajes que realizamos quedan asociados para siempre a nuestro recuerdo a una banda sonora. Una lectora de blogtelopia escribía hace tiempo que para ella Portugal suena a fado y a Madonna. ¡¿Madonna?! Cuando ella visitó la ciudad, la reina del Pop, acababa de lanzar al mercado el single de su último trabajo. En la radio del coche que alquilaron sonaba a todas horas “Hey, Mr. DJ”. La carretera que bordea la costa este de Estados Unidos en el tramo que une Santa Cruz con San Francisco suena, para un usuario de Hotelopia, a Janis Joplin y a Red Hot Chilly Peppers. En la película “Elizabethtown” (2005), la chica (Kristen Dunst) prepara un libro de ruta al chico (Orlando Bloom) en el que le indica qué canción de un CD debe poner en cada momento. Para el viaje con la camarera del bar que frecuenta y el vecino deprimido, el maniático personaje interpretado por Jack Nicholson en “Mejor imposible” (1997) prepara una banda sonora para cada posible situación que se dé. La música puede convertirse en algo calve en nuestros viajes. A veces, girar una esquina y encontrarse con una plaza en la que unos músicos están tocando una canción determinada puede convertir el momento en mágico. Las ciudades huelen, saben y suenan. ¿Cuál es tu banda sonora?




