Viajar, sea del modo que sea, supone una experiencia. Pocas personas vuelven de un viaje siendo exactamente las mismas que cuando partieron. A pesar de ello, la palabra “experiencia” se ha asociado a una determinada forma de moverse por el mundo. El viaje experiencia prioriza el “qué hago” al “dónde voy”. Ver un eclipse o las auroras boreales, observar aves, asistir a un festival, hacer submarinismo, catar vinos o realizar una ruta religiosa pueden convertirse en el motor que nos haga decidir por un destino determinado. Podría hablarse de viaje excusa, ya que en el fondo se busca un elemento catalizador que nos motive a elegir un lugar u otro. Descubrir Alaska siguiendo la XXXVII edición de la Iditarod, considerada la carrera de “mushers” más dura del planeta, o apuntarse a un taller de meditación en el desierto de Argelia pueden proporcionarnos una vivencia irrepetible y un acercamiento muy especial a otras culturas y sitios. En los últimos años este tipo de turismo ha ido en aumento. Algunos expertos lo relacionan con la bajada en los costes de transporte: por un lado, se viaja más; por el otro, el viajero puede invertir más dinero en realizar alguna actividad en el lugar de destino. Por ahora, el viaje experiencia se presenta a menudo como contraposición al turismo de masas. ¿Pero qué pasará si la tendencia sigue en aumento y la Idiatord se pone de moda en todo el mundo? Elijamos la forma de viajar que elijamos, despleguemos los cinco sentidos y disfrutemos de la experiencia.
Lunes 31 Agosto 2009 20:40 | Publicado por Diana | Categoria(s): General Turismo



